La energía bloguera no se destruye, sólo se transforma
No sé cómo empezar a escribir este post, y no quiero empezar a irme por las ramas...
Bueno,
ustedes saben que no me ando con mucho rollo. Les digo adiós. Andrea,
la loquita come-lechugas, la que se va a correr todos los días, la que
hace yoga y no entiende los malos humores de sus compañertos de clase,
la que desmiente todas las ideas falsas que pululan en internet, la que
persigue a su familia con recetas de cocina saludables, Andrea al
Natural, se despide de todos ustedes.
Uhm, creo que soy oficialmente fatal para las despedidas.
Algo
sí les digo. En todo este tiempo aprendí muchas cosas. Me encantó
mantener este blog vivo, ir por ahí encontrando cosas que postear,
comunicarles mis hallazgos, reflexiones y aprendizajes. Aunque casi
nunca hablé de mi vida personal, siento que hubo cierta conexión con
todos ustedes, como que siempre supe que alguien allá detrás del
monitor me escuchaba... bueno, me leía.
Y ya, no le daré más vueltas. Simplemente me voy de aquí, como uno de tantos blogueros en el universo.
Yo ya juraba que era un mito, pero ahora resurgió el pánico hacia los celulares. Y no, esta vez no es un truco en video.
Parece que ciertas investigaciones sugieren que traer el celular pegado
a la oreja todo el tiempo puede causar tumores cerebrales, pero que
pueden tardar en desarrollarse más de diez años.
Lo que tiene a
todos preocupados es que no han pasado 10 años del gran boom de los
celulares, cuando TODO mundo empezó a tener. O sea que en cualquier
momento las cabezas nos empiezan a explotar como palomitas... gulp.
Como
ya he dicho, no me gusta andar de preocupona por la vida, y aunque no
abuso del celular, sí lo uso bastante y no pienso dejar de usarlo o
sentirme culpable por haberme colgado más de 10 minutos platicando con
alguien. Pero más vale prevenir, así que...
1.
¿Se acuerdan de cuando no había celulares y que usábamos ese anticuado
invento llamado TELÉFONO CONVENCIONAL? A veces se nos olvida que
existe, aunque lo tenemos frente a nuestras narices. Hay que usarlo más.
2.
No saben cómo me pone nerviosa la gente que va hablando sola por la
calle, pinso: pobres, están locos. Y entonces me doy cuenta de que en
realidad traen un manos libres y que le están hablando a un diminuto
micrófono en su solapa. Pero creo que me convertiré en una de ellos.
2.1. ¡Pero que no sea Bluetooth! Dicen que es peor.
3. Dicen que los mensajitos son el nuevo género literario. Pues desarrollémoslo y escribamos en vez de hacer llamadas.
4.
Cada vez que vayas a usar el celular, pregúntate si es realmente
necesario. Lo mismo: piensa en lo que hubieras hecho si estuvieras en
el año 89. Si estás en el super y no sabes de qué sabor quiere tu
roomate los yogurts, ¡escoge el de fresa y ya en vez de llamarlo!
Además te ahorrarás un buen dinero.
5. Traten de no traerlo
pegado al cuerpo. Dicen que la batería es lo peor. Para las chavas no
es tan complicado, pues lo podemos echar a la bolsa, pero a los hombres
les sugiero que se consigan un bolsito metrosexual.
En la oficina tengo un amigo de lo más geek, es el típico chavo (ni tan
chavo, ya está en sus treintayalgos) medio retraído, que a todo mundo
le cae bien porque es tranquilo y cero conflictivo, pero que no ha
trabado verdadera amistad con nadie. Es fanático de los cómics, de las
películas de culto y de los videojuegos. Creo que vive con sus papás.
Obviamente él no se dedica a las relaciones públicas.
¿Se acuerdan de Virgen a los 40? Pues muy parecido.
La
diferencia con el personaje es que él sí tiene novia. El otro día la
conocimos y es una chava guapísima, segura de sí misma. Hagan de cuenta
que ella sí podría dedicarse a las relaciones públicas... a las de él
al menos, jeje.
El punto de este post es que en cierta forma
admiro a esa gente que nunca dejó una buena parte de su infancia, y que
no les importa. Que tienen a su niño interno muy a flor de piel, que
hacen bromas poco complicadas pero muy de corazón, que no se agobian
por las responsabilidades de la vida adulta: simplemente pagan su
renta, sus dedudas, y se dedican a pasársela bien.
En vez de que sean la figura de burla, deberíamos aprender de ellos.
Creo que no se los he confesado, pero ahí les voy... no soy muy fan del
chocolate. ¡Sí! Aunque no lo crean. Debo ser la única sobre la faz de
la tierra. Digo, sí me gusta, lo disfruto, peeeero no soy de las que
desfallecen de antojo al pasar por una chocolatería.
Lo que sí
reconozco son sus beneficios. Yo misma dije que quería una caja de
chocolates cuando me rompieron el corazón (el asunto ya va siendo, por
si querían saber, jaja). Comer un chocolate no sólo te pone de buenas
por lo rico que es (efecto que será mayor en la mayoría de la gente que
en mí), sino que químicamente hace que el cerebro genere endorfinas,
esas cosas de las que ya les he hablado y que a nivel neuronal provocan
felicidad.
Pues con respecto a todo esto encontré el "gadget"
perfecto para casos imprevistos: ¡el chocolate de emergencia! No es más
que un simple chocolate, pero se supone que es para que lo tengas en tu
escritorio y sólo lo uses en caso de estrés extremo, síndrome
premenstrual o decepción amorosa:
¿A poco no está superoriginal? Lo venden aquí, por si lo quieren pedir.
El otro día, por una amiga del trabajo que se los compró a sus
sobrinos, cayeron en mis manos los libros de Quiúbole. No sé si
escucharon de ellos, pero fueron un éxito de ventas. Son un par de
libros dirigidos a los niños y a las niñas que están a punto de dejar
de serlo, o sea, a los pubertos. Siempre creí que eran una gran idea,
porque no sé ustedes, pero para mí esa etapa fue espantosamente
difícil, y como que una guía así no me hubiera caído mal. Estaban las
revistas juveniles y la quesque orientación de la escuela, pero no
sirvieron de mucho que digamos.
En
fin, me parecía que eran algo que ya era necesario y que los chavos de
esta generación agradecerían. Pero los estuvo hojeando y... bueno, no
están tan mal, pero lo que me cayó en el hígado es que sean tan
espantosamente machistas, ¿qué onda con eso? Primero, a las chavas les
hablan como si fueran unas fresas retrasadas mentales, “así, tipo,
megaobvio güey, porque el rollo es que... etc.”, y omiten muchos temas
que en el libro de chavos sí mencionan.
Pero lo peor es que en
ambos hacen un hincapié espantoso en el “QUÉ DIRÁN”. A las chicas les
dicen que si tienen muchos novios se van a hacer reputación de “wilas”
o “zorras” (sí, así literal lo dice), y que nadie “las va a tomar en
serio”. A ellos en cambio les dicen que mejor se busquen una “niña
bien” para que se la puedan “tomar en serio”. Obviamente no hay
reciprocidad y no les dice a los chavos que se van a hacer fama de
“wilos”. ¡Argh! Sí, así pasa en las secundarias, es terrible el “qué
dirán” y te mortifican los chismes. Pero estos libros, en lugar de
atacar esa tendencia a etiquetar a la gente y andar con habladurías
machistas, ¡las alimenta! No saben el coraje que me dio. Siento que el
resto del trabajo, que podría ser muy útil, se arruina con ese estúpido
detalle.
El sábado día en una reunión familiar, mis papás y mis tíos se pusieron
a recordar sus tiempos escolares. De la universidad contaron de las
borracheras y de las cantinas que ya no existen, pero de tiempos
anteriores mencionaron escenas no precisamente muy bonitas y que a mí
me sorprendieron: los maestros se ponían de malditos con ellos y les
inflingían castigos corporales, ¡de verdad!
Unos cuentan del
típico “borradorazo”, o sea que les aventaban el borrador en la cabeza,
así como para descalabrarlos. Otros el jalón de patillas. ¿Pero qué las
profes medievales que les daban de latigazos en las pantorrillas? ¡Qué
horror! Tampoco faltaban los golpazos con el metro de madera, ¡auch!
Lo
peor es que parece que algunos papás llegaban y les decían “ahí le
encargo a mi hijo, si se porta mal, péguele”. Y los maestros felices,
poniendo el mal ejemplo, ¡ay!
Obviamente esas cosas no existen.
Me acuerdo que yo tenía una maestra en 5to de primaria que me
detestaba, y yo a ella. Para entonces ya estaba yo muy consciente de
mis derechos como estudiante, entonces soñaba con el día con que me
soltara un golpe para demandarla y que la corrieran...
He
sido acribillada por un millón de mosquitos. No sé de dónde salieron,
pero tengo las piernas llenas de manchas rosadas. Hasta parece que me
fui a Acapulco o algo así. Lo peor es que hay algo que no puedo evitar
por más que me lo proponga: rascarme las ronchas con todas mis fuerzas.
Ya me lo decía mi madre, que no lo hiciera porque luego me picaban más,
pero es una relación amor-odio con las malditas picadas, ¿a poco no se
siente maravilloso una buena rascada?
Mi mamá me ponía Vaporub
pero no sé si funcione. Sé que venden cremitas especiales para
controlar la comezón pero no sé si funcionen, ¿ustedes las han probado?
Les
dejo una horrible foto de la catástrofe. Obviamente no es que quiera
presumirles mi piel de pollo ni lo horribles que quedaron los piquetes,
sino que me servirá como recordatorio de que no debo hacerlo la próxima
vez que un maldito insecto hambriento me ataque.
Les dije que no quería hablar
de esas cosas, pero a estas alturas ya siento que hay una conexión
entre el blog, ustedes y yo, y ya tengo más confianza y... Bueno, el
chiste es que terminé con aquel chico con el que salía, del cual
ustedes saben muy poco... y a estas alturas para qué les cuento más,
sólo que de un día para otro todo se esfumó.
Ni les digo más
detalles, simplemente tengo el corazón roto, o algo así, digo, no
llevábamos mucho tiempo pero yo sentía cosas... Ay, me siento como una
asolescente. Ahora me acuerdo mucho de mi post donde dije que sí se
podía morir de amor, ¡ojalá que no me pase!
Prometo
ponerme mejor. Por ahora, estoy sola aquí, hecha bolita en mi cama (sí,
pedí el día en el trabajo, así de plano). Buaaaah. No tengo a nadie que
me haga piojito, pero creo que sí me hizo bien deahogarme por aquí.
Gracias a todos los que me lean.
Mi mamá hizo la compra más maravillosa de su vida, y eso que siempre la
ando regañando por gastar en cosas que no necesita. Pero esta vez fue
diferente. Se compró una lavadora-monstruo, de esas nuevas que nada más
rellenas de ropa y te la regresan seca, calientita y casi casi que
planchada.
Ahora me siento adolescente de nuevo, porque ahí me
tienen con la cajuela llena de ropa sucia yendo a su casa a lavar. Mis
hermanos están igual. Y mi mamá, pues feliz, porque además la lavadora
resultó ser un instrumento de reunión familiar.
Es mejor que la tele.
Pero
luego alguien del trabajo me dijo que esas lavadoras eran fatales, que
porque para desinfectar la ropa soltaban unas nanopartículas de plata
que no sólo eran toxiquísimas para el medio ambiente, sino para
nosotros. ¿Eeeeh?
Me puse a investigar y no he encontrado nada
creíble, sólo rumores tipo cadenas de internet, los clásicos "hoax".
Creo que se está repitiendo el fenómeno de "los celulares te matan" o
"los hornos de microondas dan cáncer". ¿Ustedes qué opinan?
Encontré un sitio que es una gran idea: www.apestan.com.
Es una especie de enorme foro donde podemos subir nuestras experiencias
negativas sobre un producto o servicio. Una especie de Procuraduría del
Consumidor pero civil, una wikipedia de las cosas que fallaron, jaja.
Y
no sólo es eso, también vienen consejos de la gente sobre cómo utilizar
ciertas cosas, cómo ahorrar, etc. Por ejemplo, leí todo un artículo
sobre cómo funciona el buró de crédito, que me pareció muy interesante,
a pesar de que no tengo tarjetas de crédito porque me choca la idea de
agregar un elemento estresante a mi vida (ya se los platiqué aquí), creo que a muchos les será superútil.
Existe
otro apartado de denuncias ciudadanas, que no tiene que ver con
productos ni servicios, sino con la vida en algún municipio, violación
de la ley, gobiernos malportados, etc.
La idea es buenísima. No
sólo para nosotros, también los dueños deben estarse haciendo de un
dinerito, porque aunque tienen muy poca publicidad, me imagino que las
visitas al sitio irán creciendo.
Ya les dije que yo soy Andrea sin miedo, pero a lo largo de mi vida me
he topado con una serie de fobias ajenas irrancionales (bueno, creo que
todas lo son) de lo más extrañas. Una amiga le tenía pánico a las ranas
y a los sapos, literalmente no podía verlos ni en pintura. Otro
conocido se desmayaba, también literalmente, si veía una gotita de su
propia sangre. Mi primo le tiene pavor a los perros, a todos, hasta a
los Chihuahua. Y una vez, ironía de la vida, conocí a una chava que
trabajaba en una revista de viajes... ¡y le tenía pánico a volar!
No está padre vivir con algo así, siento que limita demasiado tu vida.
Aquello
de "debes enfrentar tus miedos" es muy real. Todos hemos tenido que
hacerlo alguna vez, por ejemplo, todos lo vivimos cuando aprendemos a
andar en bici. La diferencia es que el miedo a andar en bici es miedo a
caerse, ergo es un miedo natural; las fobias digamos que son "creadas"
por nuestra mente, y quizá por eso es más difícil atacarlas. Pero es
posible.
Ya sé que se dice fácil y que yo no puedo opinar ya que
no tengo ningún miedo de este tipo, pero sí hay terapias para tratar
estas cosas. Y justamente se basan en eso, en que enfrentes tus miedos.
¡Quiéreme!
El
chiste es que cuando ya estés frente al objeto o situación que te
domina, te des cuenta de que no pasa nada, que es inofensivo. No
siempre es 100% efectivo, y a veces hay que ir poco a poco (primero con
fotos de sapos "bontios" y al final con uno de verdad), pero el
principio funciona.
Piensen en los que han logrado superar sus
miedos más profundos e irracionales y dense cuenta de que ustedes
pueden brincarse fácilmente las barreras que solitos se han impuesto
para no salir adelante en ciertas cosas, ¡es hora de actuar!
A veces se me olvida de dónde le vienen las malas costumbres
alimenticias a mi mamá. Y entonces voy a casa de la abuela y me acuerdo.
El
fin de semana hubo comida familiar con los básicos tapa-arterias:
barbacoa (con su caldito bien grasoso) y tacos dorados de ídem. Yo de
plano le entré a un par de taquitos y ya, siento que si voy a atascarme
mejor que sea de algo que valga más la pena...
...como por
ejemplo, el famosísimo pastel de manzana que mi abuela prepara, y que
le queda tan delicioso que te quieres morir... o por lo menos pedir
otra rebanada desde el instante en que lo pruebas.
La vida saludable no se trata de renunciar a todos los placeres, sino saber administrarlos.
Creo que me acabo de aventar mi frase célebre, jeje. ¿No la habrá dicho alguien antes?
El concepto de "slow food" siempre me ha parecido muy padre, lástima que no sea muy aplicable a mi vida diaria. Primero, la onda de la comida lenta se trata no sólo de comer con calmita, sino que implica entrarle a alimentos no procesados, comerciados justamente, etc. Pero de vez en cuando podemos aplicar el principio básico de darle importancia a la calidad de lo que comemos, e ingerirlo con calma, dándole la importancia que merece al momento. Hacerlo como un ritual.
Caracoles en vez de bestias hambrientas.
En la oficina sólo tengo hora y media para comer, a veces menos, y las opciones a la redonda no son precisamente muy atractivas... y las que sí, son muy caras para comer ahí diario. Casi siempre termino comiendo la ensalada "estándar" o una pechuga de pollo que sabe a suela de zapato.
Por eso lo que intento hacer, cada vez más seguido, es prepararme cosas muy rcias en mi casa y llevármelo a la oficina en un tóper. Entonces me voy yo solita a comer a la azotea... ¡sí! Van a decir que estoy loca, pero es como un ritual de lo más padre. Me dedico sólo a saborear cada bocado, sin que ninguna otra cosa me distraiga. Obviamente tampoco es algo que pueda hacer todos los días, la convivencia también es importante, ¡pero les juro que me encanta! Inténtelo y me platican qué tal les fue.
A mi clase de yoga empezó ir a una pareja dispareja que cómo da lata. Él claramente lleva años haciendo yoga, y es muy bueno. Ella en cambio no da una, se ve que acaba de empezar, pero lo más importante es que no le gusta. Se nota cómo está ahí en contra de su voluntad, que va a las clases sólo para complacer al novio. Él, a su vez, se imapecienta de que ella no pueda hacer las posturas correctamente... y entonces empieza el griterío. ¡Horrible!
A media clase de repente se la escucha a ella gemir de impaciencia, y no porque le esté doliendo alguna postura, sino porque está harta. Él le contesta con un "shhhh" o le GRITA algo "al oído". Lo único que logran es contagiarnos su estrés.
No creo que duren mucho yendo juntos. Ella debería intentar con una clase de principiantes, y lo más importante, ELLA SOLA, porque es obvio que se estresa con él viéndola. Él que no la obligue a hacer nada que no quiera, porque finalmente si el yoga no le gusta podrá hacer otras cosas en ese rato.
No entiendo cómo pueden funcionar así las parejas. Yo, por ejemplo, no llevaría al chico con el que estoy saliendo (sí, estoy saliendo con alguien, pero sssshhhh, no le digan a nadie), ¡sería la forma más rápida de despedirme de él!
El otro día me quemé con la tetera, y mi primera reacción fue querer echarme mantequilla (que aparte ni tengo en mi casa, ya iba a ir a la tiendita a comprarla). Me di cuenta de que lo hacía sólo porque era lo que mi mamá nos aplicaba cada vez que nos quemábamos, siendo que lo lógico es echarse agua fría. ¿Por qué cargamos con todos estos mitos sin sentido?
Aquí les paso cinco de los más comunes, desmentidos:
1) Si a alguien lo muerde una víbora, hay que cortar la piel y succionar la sangre, luego escupirla. ¡Falso! Eso nada más infecta la herida. Hay que llevarlo a un hospital: ellos sabrán qué hacer.
2) Echar mantequilla o mostaza a una quemadura. ¡Falso! Eso sólo podría provocar una infección. Es mejor aplicar el hielito o el agua fría, y después usar medicamentos especiales para piel quemada.
3) Hay que meter una billetera en la boca de quien sufre un ataque epiléptico. ¡Falso! No se van a tragar la lengua ni la van a morder. Durante un ataque, sólo hay que alejar de su alrededor los objetos con los que se puedan lastimar. Si acaso hay que ponerlos de ladito para que no se ahoguen en su saliva.
4. Cuando te pica una abeja, hay que exprimir el aguijón como si fuera un barro. ¡Falso! Eso sólo extendería el veneno dentro de tu piel. Hay que sacarlo con cuidado, con unas pinzas para cejas o hasta pedirle a alguien que tenga uñas muy largas que lo haga.
5. En caso de hemorragia, hay que poner un torniquete. ¡Falso! Eso podría provocar gangrena. Lo que hay que hacer es levantar el área afectada, y si acaso aplicar presión sobre la herida con un trapo, pero luego ir a urgencias.
Uf, espero no tener nunca que enfrentarme con una situación de éstas...
Por supuesto que no me podía perder Forgetting Sarah Marshall (aquí le pusieron ¿Cómo sobrevivir a mi ex?), soy muy predecible, seguro sabían que correría a verla y que postearía al respecto. Pues qué razón tenían.
Es la nueva película de Jude Apatow, el productor de Virgen a los 40, Ligeramente embarazada y Super Cool. Todas ellas me encantaron, y ésta no es la excepción.
Se trata de un compositor medio ñoño que anda con una estrella de la tele, ya saben, una Barbie perfectísima. Y claro, después de cinco años juntos ella lo bota. Él está devastadisisisisísimo, y, como parte del proceso para superarla, decide tomarse unas vacaciones a Hawaii. Y ahí, chan chan chan, ¡se la encuentra! ¡Y con su nuevo novio!Imagínense el relajo. ¿Ya se lo imaginaron? ¡Pues peor! Chistosísimo.
El nuevo novio, por cierto, es de los personajes más graciosos de la película. Es un rockero neo-hippie que se siente en contacto con el universo, así pachecón, ¡divertidísimo! Buscando en YouTube encontré esta escena borrada, donde están nada más y nada menos que en una clase de yoga. ¡Tienen que verla!
Con una película así de divertida les aseguro que olvidarán a todos sus ex.
¿No les pasa que de repente amanecen con ciertas palabras "pegadas", como si fueran canciones? A mí sí, muy seguido. La de hoy fue resilencia, a lo mejor ayer la escuché en algún lado sin darme cuenta.
La primera vez que la leí fue en un artículo que hablaba sobre judíos que habían sobrevivido, y que gracias a la resilencia habían logrado continuar con sus vidas aun después de una serie de experiencias tan traumáticas.
Es una palabra que viene de la jerga ingenieril, y que normalmente es aplicada a materiales que, después de ser sometidos a una presión que los deforme, pueden adoptar su forma original. ¡Sí! emocionalmente, los humanos somos como los metales.
Cada vez que alguien se siente destrozado por una pérdida, ruptura o hastaporque se les murió el perido, yo les doy todo mi apoyo pero no me preocupo, porque sé que nuestras mentes son resilentes y que al final esa persona saldrá adelante.
Hace poco volvió el pánico masivo a los celulares. Y todo por unos videos que muestran cómo se pueden hacer palomitas si pones varios teléfonos alrededor del maíz.
Qué les digo, seguro ya los vieron y a lo mejor hasta lo intentaron. ¿Cómo dudar de tantas "pruebas" que pululan por YouTube, y consecuentemente por blogs, FaceBook, Hi5 y dondequiera que se puedan pegar?
Si se ven tan reales...Luego vinieron los experimentos caseros fallidos:Y luego se desenmascaró todo: los videos fueron producidos por una compañía de auriculares Bluetooth. ¡Excelente estrategia!
Pero mi video favorito es en el que explican cómo hacer el truco en tu propia casa. ¡Es como de Chen Kai!
Confieso que ya casi no uso el metro de la Ciudad de México, porque entre mi coche y el Metrobús ya no lo he necesitado. Pero tampoco crean que soy de ésas que en su vida se ha subido, y que no sabe lo que es estar en hora pico metida ahí dentro. Hubo un tiempo en la prepa en que sí me tocaba ir en condición sardinesca. Casi casi como lo que se ve en este video:
Lo que sí me sorprendió fue toparme con este video del metro de Japón. Había escuchado rumores de que habían "empujadores" oficiales, ¡pero nunca los había visto en acción! Además véanlos qué silenciosos y ordenados, parecen coreografiados, como si fuera la escena de una película y no un video tomado por cualquier usuario. Me encantó:
¿Funcionaría en México? Yo creo que no, ¡los "empujadores" serían muy gandallas!
¿Qué tanto es tantito y qué tanto es demasiado cuando se trata de videojuegos?
Desde que salió el primer Nintendo hubo gran escándalo porque los niños se la pasaban pegados a la pantalla jugando horas y horas. Decían que los chavitos desarrollarían conductas agresivas, que se harían unos aislados sociales, y luego que les daría epilepsia (un mito que ya fue descartado, porque sólo quienes YA tenían epilepsia pueden sufrir ataques con la luz irradiada por la tele).
Ya pasaron más de veinte años y yo veo a esa generación, que es más o menos la mía, bastante normalita... ¿o será que a mí también me afectó jugar Mario Bros?
No, pero ya en serio. Un amigo se queja de que su hijo adolescente pasa TODO el día jugando Play Station. Le digo que se debe preocupar si y sólo si:
-Empieza a subir de peso por falta de actividad física.-Le empieza a ir pésimo en la escuela.
-De pronto ya no tiene nada de vida social: no va a fiestas, no tiene novias, etc.
Además los videojuegos no sólo son vicio y perdición, ¡para nada! También tienen aspectos beneficiosos, especialmente en los niños que están creciendo: ayudan a desarrollar la lógica, el ingenio, la capacidad de atención y el pensamiento estratégico. Padres: relájense, no están tan mal.
¿Y yo? Yo no le entiendo a los videojuegos desde que se hicieron de tres dimensiones, si de por sí era mala con Mario Bros. imagínense ahora que son tan elaborados. Me declaro inútil.
Videojuegos, ¿en qué momento dejaron de ser cuadraditos y sencillos?
Me molestan con que soy una health-freak. Yo nada más me río, aunque en cierta forma sí es cierto, digo, no puedes ir al súper a comprarte un cuerpo nuevo, así que mejor cuido el que ya viene de fábrica, ¿no? Y tampoco me obsesiono, porque eso no es muy saludable que digamos. A veces, por salud mental y por antojo, hasta como gorditas de chicharrón, así que ni digan.