Pero sí hay quienes, fuera de cotorreo, se obsesionan demasiado con esto del blogueo y las redes sociales. Me he topado un par de artículos que hablan de pesonas que de plano dejaron sus relaciones sociales "de la vida real" para refugiarse en sitios electrónicos. Está el caso de una chava que se obsesionó demasiado con Facebook y era feliz hasta que un acosador empezó a molestarla, y como su vida ya era medio pública de plano tuvo que cerrar todas sus cuentas y hasta irse de la ciudad en que vivía para que la dejaran en paz. Lo curioso es que al dejar Facebook le dio síndrome de abstinencia, como si hubiera dejado alguna droga dura.
Desde que chatear se puso de moda, hace unos 10 años, los más puristas se preocuparon y dijeron que la juventud iba a caer en el vicio y la perdición. Yo no creo que sea tan grave, si te descuidas puedes caer, eso sí. ¿Ustedes cómo ven?
Siempre creí que era la persona más suertuda del mundo y que mi vista
era perfecta, que nunca necesitaría lentes. Estaba tan segura que
descartaba por completo hacerme el examen de la vista. Hasta que el
otro día iba en el coche e intenté ver qué películas estaban en un cine
por el que pasé... y de plano no alcancé a leer los letreros. Iba con
una amiga, que se sorprendió mucho porque ella sí los podía leer perfectamente. Se empezó a burlar de mí: "¡estás miope!"
Y
sí, me fui a hacer el examen de la vista y necesito lentes. De una
graduación muy leve (-1), de hecho podría seguir viviendo sin ellos,
pero prefiero que el problema no se agrave.
Recomendación: no
sean flojos como yo y hagan su examen de la vista. Y si de plano no
quieren salir de casa pueden hacerse uno no muy atinado en este sitio, pero que por lo menos les dará una idea de qué tan cegatones andan.
Ahora
viene la dificilísima decisión, ¿qué lentes me compro? Me probé tantos
modelos que no pude decidir (ya ven cómo soy con eso de las
decisiones), no tengo idea de cuál vaya bien con la forma de mi cara,
¿qué me recomiendan?
Todo el tiempo nos están diciendo que hay que tomar por lo menos dos
litros de agua al día, y es cierto. Lo que igual hace falta especificar
es que hay que irlos bebiendo poco a poco a lo largo del día, ¡no de
golpe!
Aunque
ustedes no lo crean, es posible morir por una sobredosis de agua, ¡sí!
Me topé con el caso de una mujer que participó en un concurso en el que
quien bebiera más agua sin ir al baño se ganaba un Nintendo, y que
después de beber quién sabe cuántos litros regresó a trabajar, se quejó
de un dolor de cabeza... ¡y se murió!
La verdad es una historia tristísima, ella lo estaba haciendo por sus hijos... auch.
Al
hiperhidratarte, el sodio de tu sangre -que es indispensable para
vivir- se diluye tanto que resulta fatal, o que por lo menos sí altera
mucho el equilibrio y la armonía de tu cuerpo.
Pero no se
prepcupen ni tomen esto como pretexto para no beber suficiente agua al
día. Normalmente eliminamos el agua antes de que seamos capaces de
beber una "sobredosis fatal". Tomen esto como una nota curiosa nada más.
Sí, ¡estoy de malas! ¿Y saben qué es lo peor? ¡Que no hay ninguuuuún
motivo para estarlo! Soy, simple y llanamente, víctima de mis hormonas.
No soporto estar triste por razones meramente fisiológicas, debería
darme risa... ¡pero no puedo!
No
siempre me pasa, generalmente cuando estoy en mis días soy la misma de
siempre, nadie se da cuenta de nada, y para mí no aplican los clásicos
chistes ni clichés de la chava histérica y desconsolada. Pero esta vez
no sé qué pasó que de plano me salí de control. Ayer este chavo con el
que salgo, que para mayor comodidad llamaremos... mmmm... "Don José",
llegó tardísimo al restaurante donde habíamos quedado de cenar, y
cuando apareció yo estaba a punto de hacerle una escenita.
Luego,
esta mañana he estado en la depre absoluta, y para colmo traigo unos
cólicos tremendos. Analgésicos no me gusta tomar, pero hoy de plano sí
me tomé un par de ibuprofenos porque ya no aguantaba.
Me pone de
malas ponerme de malas, me pone triste ponerme triste, ay,
¡ayúdenmeeee! Necesito una caja de chocolates y alguien que me haga
piojito.
Mi
hermano Miguel tiene una hija que es mi adoración. Se llama Adi, tiene
4 años, es dinamita pura, la chavita más inteligente y divertida del
mundo. Antes de conocerla yo decía que los niños no me gustaban, me
ponían muy nerviosa, como que no sabía de qué hablar con ellos. Pero
cuado Miguel me la encarga soy la más feliz del mundo, me encanta ser la
"Tía Andrea".
El otro día la llevé al cine a ver Meteoro. Me
acuerdo que de niña vi un par de veces la caricatura, que era como
bonita visualmente pero que no tenía gran contenido. Supuse que la
película iba a estar mucho mejor, ya que la filmaron los mismos
hermanos que hicieron Matrix, así que llevé a Adi.
¡Y oh
decepción! La película es como asomarse a una dulcería: llena de
colores brillantes, mucha azúcar, todo bonito... ¡pero tan mal hecho!
Nada tiene sentido, sólo hay coches chocando, y a pesar de que hay muy
buenos actores ni se les nota el talento. Me quería morir.
Vean el trailer y ya no querrán ver más:
A
la media hora ya estaba aburridísima, pero supuse que Adi estaría
encantada. Por si las dudas, le pregunté si le estaba gustando.
–¡No! Mejor llévame a la dulcería.
¡Wow!
Les digo que es la niña más lista del mundo, y tiene mucho mejor gusto.
También se dio cuenta de que un montón de dulces son más interesantes
que la película, y ciertamente más sabrosos.
No entiendo cómo una experiencia tan agradable como ir al cine puede
convertirse de repente en una experiencia tan llena de neurosis. ¿Por
qué no puede ser tan simple como llegar, comprar unas palomitas,
sentarse y disfrutar la función?
Primero
nos bombardean con dos horas de publicidad, que no tiene nada de malo,
el problema es que ahora está presente hasta en la parte de los cortos
de películas (mi favorita), y aquí entre nos esos anuncios de di no a
la piratería me parecen insoportables, igual que al resto del público,
que siempre grita y se mofa de los niños.
Luego, cuando al fin
empieza la película, vienen los problemas. Unos se ponen a hablar y
otros los callan, entonces se arman pequeñas batallas a lo largo de
toda la sala. Algunos llegan tarde, molestan a los tempraneros; a otros
les da por ir al baño e igual la fila entera se pone histérica. Ruido
multiplicado por ruido = ruidero.
Los primeros diez minutos son
los peores. Luego la gente parece apaciguarse, pero de pronto todos se
ponen a pelear de nuevo, y olvídense.
Mírenlos, ellos sí están contentos.
Deberíamos hacer una campaña de buena vibra en las salas de cine, o si yo de plano voy a esperarme siempre al DVD.
Mi amigo Pablo, que estaba medio loco, decía que el clima cambiaba
según el humor con el que ÉL amanecía. O sea, se sentía Dios. Cuando
estaba de malas, caía el tormentononón; cuando estaba triste, hacía un
frío endemoniado; cuando estaba sacado de onda, el día tenía sus
altibajos; cuando estaba enamorado, día soleadísimo; etc.
Bueno,
pues parece que a Pablo -dondequiera que esté, porque le perdí la pista
hace muchos años- no le está yendo muy bien, porque estos días el clima
ha estado, según los estándares "normales", bastante feo.
Más bien es la lluvia la que suele afectar el ánimo de la gente. Cuando llueve, todos somos emos.
Jaja, bueno, no todos. La verdad es que la lluvia tiene su encanto, me
encanta caminar por las calles encharcadas -siempre y cuando lleve
botas y paraguas-, lo feo es el ruido que se genera con tanto tráfico,
eso sí que puede ponerme de nervios, y ahí es cuando en vez de emos nos
volvemos punks.
Uf, qué bueno que no estoy ahí afuera manejando junto con toda esa lluvia.
En
fin, no vale la pena dejar que el clima nos afecte. Digo, ya hemos
luchado contra él toda nuestra vida, ya sabemos cómo funciona, ¿a poco
va a poder más que nosotros?
Una chica de mi oficina siempre está haciendo dietas y en el clásico
sube-y-baja con su peso (lo menos recomendable del mundo). En las
últimas semanas la empecé a notar muy rara, supernerviosa, maldormida,
con unas ojerotas, de mal humor y, eso también, más flaca. Pero de
plano le pregunté que por qué estaba así, porque parecía que había
envejecido como cinco años en tres semanas.
Entonces
me contó que había encontrado en internet unas píldoras para adelgazar
"muy efectivas", y que sin pensarlo las había comprado. Desde que las
empezó a tomar le dio un insomnio espantoso, dolores de cabeza,
cólicos, en fin, un desastre. "Pero también empecé a bajar de peso", me
dijo, y por eso se ha estado aguantando los efectos adversos.
Uf,
qué onda. Obviamente ya le dije que las deje de tomar, que no son
dulces para que les entre así nada más sin que un doctor se las recete
y esté checando su seguimiento. Además, como suele suceder con la gente
obsesionada con su peso, esta chava ¡ni siquiera está gorda!
Sí,
estamos en México, un país donde las recetas médicas son casi de broma.
Pero eso no quiere decir que las medicinas nos hagan menos daño que a
los gringos o los europeos, ¡obviamente no! No hay que dejarse tentar
por este tipo de medicamentos, que siempre traen consecuencias bastante
negativas, y que, para colmo, al dejar de tomarlas hacen que no sólo
recuperes tu peso sino que rebotes horrible.
Por alguna razón estuve con insmonio la semana pasada, creo que por
tanto estrés, fueron días especialmente complicados en la chamba y,
para colmo tuve un par de peleas con este chavo con el que salgo
(igual luego les platico, aunque como ya les dije no es el tipo de cosas de las que me gusta hablar en este blog...)
Así que apliqué algo que desde la
universidad no hacía: tomar té de valeriana. Sí, sé que suena
superhippie, pero de verdad es muy efectivo, natural y muy seguro
(nada que ver con las píldoras para el insomnio que nada más te tumban
pero ni descansas).
Lo
que me encanta de esta plantita es que no sólo me hace sentir descansada al día siguiente, sino que duermo tan profundamente
que siempre me acuerdo de mis sueños. El otro día soñé que viajaba a
China, aunque China era sospechosamente parecido a San Ángel, jaja.
Esta semana ya estoy durmiendo perfectamente sin ayuda de nada, pero ahí tengo mi cajita de té por si las dudas.
Ando como niña con juguete nuevo, midiendo mi ritmo cardiaco para todo:
cuando subo las escaleras, cuando me asusto, cuando estoy feliz, cuando
paseo, cuando me acabo de levantar, ¡soy una ociosa! Dirán
ustedes que para qué lo quiero, si ya corría antes sin ningún problema.
La verdad sí es bien útil saber tu ritmo cardiaco en todo momento,
sobre todo si estás entrenando para una carrera (como yo, según),
porque te das cuenta de cómo te vas haciendo más resistente cada día, y
lo más importante: lo mantienes a un nivel moderado, así te cansas
menos y rindes más.
También es muy bueno para cuando tienes más
edad, es bien importante estar monitoreando tu ritmo cardiaco, porque
de niños podemos dejar que se vaya por los cielos sin problemas, pero
ya después es más peligroso.
Y para los preocupados con su peso
trae un plus buenísimo: te dice cuántas calorías has quemado. Eso está
padrísimo, porque puedes medir hasta las calorías que quemas en una
caminata normalita y así te quitas la culpa del postre,
¡recomendadísimo!
Bueno, ya me voy, a ver qué hago y a qué ritmo cardiaco, jeje.
¿Se acuerdan del famoso ratón que tenía atemorizado a mi chavo? Pues
el otro día volví a escuchar un grito espantoso, esta vez porque lo
encontró bien muertote en el piso de su zotehuela.
De ese ratón no (pésimo chiste)
¡Pobrecito!
Estaba bien chiquito. Dirán que estoy pirada, ¡pero me dio ternura!
Como que sentí mucha compasión cuando lo metí en la bolsa de plástico y
le di su último adiós (jaja, la poeta). Pero no, no es que esté
completamente loca, es algo instintivo, esa ternura que nos despiertan
los bebés y los animales pequeños, y que sirve para que nadie los
agreda. Después de todo son completamente vulnerables, necesitan que
los cuidemos.
Pero ya ven cómo no cuide a este pobre pequeño
nomás por ser plaga. Porque sí, no está nada padre tener un ratón en
casa, puede transmitir un montón de enfermedades, desde la rabia si te
suelta la mordida, hasta un sinfín de virus que pueden estar en sus
desechos orgánicos... blargh.
Por cierto, me acordé de aquella
leyenda urbana de que decía que no había que tomar refresco directo de
las latas porque estaban contaminadas con leptospirosis por orina de
rata. La verdad es que la enfermedad sí existe y sí se transmite así
por ese apestoso medio, pero al contacto con el aire los bichos se
mueren, así que no hay forma de que la contraigas vía lata de refresco.
O sea que si aún creían en esa leyenda, ¡olvídenla!
En fin: le dedico este post al pobre ratón muerto.
Pues voy superbien con mi improvisado entrenamiento para correr 10
kilómetros de corridito y con un tiempo "competitivo". Lo que más me
sorprende es lo feliz que puedo ponerme después de romper mis propias
marcas, y ni siquiera es por orgullo propio, sino cuestión 100%
fisiológica, gracias a las benditas endorfinas.
La primera vez
que escuché el término "endorfinas" casi casi les respondo "no, yo no
le hago a esas cosas..." Luego me enteré de que son la sustancia que
nuestro propio cuerpo genera para ponernos felices, ¡qué caray!
Es
raro sentirte feliz y saber que hay una explicación científica detrás
de tu sonrisota... como que hasta te pone de mejor humor.
Es
clásico que cuando estás triste lo último que quieres es activarte,
¡cuando es el mejor remedio! Nada como salir a correr para olvidar las
penas, es como hacerle trampa a tu cuerpo y a tu mente, pero de forma
supersaludable. Claro, también te puedes comer un chocolate o tomar un
rico café, ¿o por qué no? Las tres cosas.
Mmmm... buena idea. A mí que ya corrí hoy nomás me faltan las otras dos.
Me acuerdo que ésa era una de las frases más escuchadas en la
escuela. Por alguna razón, las maestras DETESTAN el chicle, les parece
el invento más diabólico en la historia de la humanidad. ¡Pero si es
una maravilla!
De
hecho en la Segunda Guerra Mundial se lo daban a los soldados porque se
creía que aumentaba la energía. Y aunque eso era sólo un mito, sí calma
la ansiedad y hasta ayuda a controlar el hambre, así que si quieren
perder unos kilitos, masquen chicle, nada más que sea sin azúcar, eso
sí. Igual, si es sin azúcar, ayuda a limpiar los dientes -de hecho
nuestros antepasados mexicanos para eso lo utilizaban, antes de que se
inventaran los cepillos de dientes eléctricos, jeje-.
Lo
que no está padre es que cuando tiras un chicle en la calle tarde cinco
años en degradarse. ¡Cinco años! OK, no es nada comparado con los mil
años que tardan ciertos tipos de plástico en desaparecer, pero
piénsenlo bien: ese chicle que adorna la banqueta de afuera de sus
casas podría tardar CINCO años desaparecer, ¡es un montón!
Lo que sí es que siempre fui fan del árbol de los chicles en Coyoacán:
No es por amargada, pero no me gustan los cumpleaños. No porque
tenga broncas con mi edad ni nada de eso, simplemente me pone nerviosa
el protocolo, que me den regalos que no me gustan, que me lleven un
pastel que sabe feo, etc. Claro, intento pasarla bien, pero la verdad
no le digo a casi nadie cuándo es mi onomástico (así que ni pregunten).
Me
pasa desde chiquita, no me gustaba que me hicieran fiestas ni nada.
Recuerdo con horror una en la que contrataron un payaso de lo más
siniestro, obviamente a varios de mis amiguitos les dio terror el tipo,
y creo que para colmo acababan de pasar It en la tele, jaja, ¡qué
espanto!
Lo
que sí me queda claro es que yo quiero llegar a los 60 viéndome tan joven y con tanta vida como Nescafé. Es
que qué bárbaro, es un marca que se pone mejor con la edad, que crece y
que saca productos buenísimos (como el Protect que me da este espacio
para escribir mis ocurrencias), que se renueva y que le gusta a todo
mundo. Un aplauso y unas "Mañanitas", creo que a Nescafé le gustará más
el festejo que a mí.
Además nada que ver con payasos malos, al
contrario, se pusieron de dadivosos y están regalando de todo. Eso me
pone de buenas: tomar mi café y aparte saber que me puedo ganar una
casota o de perdis una entrada al cine. No sé ustedes, pero yo por lo
menos iría a checar cómo está la onda.
En fin, felicidades, y que lleguen igual de bien conservados y saludables a los 80, a los 100, a los 150...
El otro día en la sobremesa surgió el tema: sitios Pro-Ana y
Pro-Mía. Yo no tenía idea de qué era eso, hasta que me explicaron que
son sitios hechos por chavitas que padecen anorexia y/o bulimia, pero
que no quieren curarse, sino todo lo contrario: defienden lo que ellas
llaman un "estilo de vida", comparten tips para dejar de comer y hasta
para vomitar, y postean fotos de modelos flaquísimas para que les
sirvan "de inspiración".
Me puse de morbosa a buscar sitios de estos en Google, y sí, encontré un montón. Ni se los paso, casi todos son iguales.
Sin
embargo hay algo mucho peor que estos sitios en sí, y son los
comentarios de la gente. No tienen idea de cómo agreden a estas chavas,
les dicen que son unas vanidosas, vacías, que no valen nada, que son la
bazofia del mundo mundo al defender sus enfermedades y darle tips a
otras mujeres para que las padezcan. ¡Como si su influencia fuera a ser
mayor que la de los medios masivos, tan hipócritas!
Incluso
hay blogs de chavas que padecen trastornos alimenticios, y que lo único
que buscan es desahogarse y hablar de su experiencia, para nada
"contagiar" sus métodos para bajar de peso... pero también son muy
insultadas. ¡No entiendo! Si lo que padecen son enfermedades,
discriminarlas es como segregar a los enfermos de VIH, una total
injusticia, y definitivamente la peor forma de "curarlas".
Lo
que necesitan estas chavas es sentirse aceptadas, comprendidas, no que
les digan que son unas tontas vacías, ¡qué ocurrencias!
Me
acuerdo de una chava de mi universidad que claramente era anoréxica. No
era mala onda, para nada, pero la gente no la quería, huían de ella
como si tuviera lepra. Yo no podía creer tanta intolerancia: y esa
enfermdad es mucho más grave que cualquier otra.
¿No les ha pasado que están en un lugar público y de repente
empiezan a escuchar clarito una música, y de pronto se dan cuenta de
que proviene de los audífonos de alguien más? ¡Qué manera de amolarse
el oído!
Creo que estamos tan acostumbrados al ruido que por eso
se nos hace de lo más normal escuchar música a un volumen tan alto. O
de plano vamos quedándonos sordos (no es broma) y por eso tenemos que
subirle a esos niveles, ¡aguas! Es una perorata que nos dicen desde
chiquitos y que por eso ya ni pelamos, pero sí es bastante grave.
Estaba leyendo que, al exponernos al ruido, poco a poco vamos perdiendo
unos como pelitos que están dentro de nuestros oídos, y que son los que
le dan agudeza a este maravilloso sentido. Estar enchufados
constantemente al iPod, expuestos a los ruidos de la ciudad, de los
antros, gimnasios o hasta dentro de nuestras casas -¿qué tal el ruidero
de una licuadora?- hace que los vayamos perdiendo poco a poco, y que
por lo tanto escuchamos cada vez menos y con menos agudeza.
A mí
hasta me dio miedo volver a usar mi iPod, pero de plano ya me
acostumbré a correr con musiquita, así que mejor estoy educando mi oído
para un volumen mucho menos agresivo, para no terminar como la típica
señora que para todo dice "¿mandeeeeee?" porque no oye nada.
Además así nadie a mi alrededor se enterará de cuando escucho pop, ¡ups!
Al fin entró en vigor la dichosa Ley Antitabaco, y los fumadores están
histéricos, trepándose a las paredes. Ahorita están bastante rigurosos, ¿pero será para siempre?
Porque estamos en México y ya ven que leyes como esas son medio
endebles.
Ejemplo: digamos que alguien está fumando en un
restaurante. Se supone que los encargados deben pedirle que apague el
cigarro; si el comensal se niega, deben pedirle que se vaya; y si sigue
negándose, ya le llaman a la policía.
Pero tomando en cuenta que
la hora del cigarrito puede alargar la sobremesa, y por lo tanto el
consumo de productos, ¿ustedes creen que el restaurantero va a hacer la
petición con mucho énfasis? Y ya ni hablemos de correrlo del lugar.
Ahora, también me imagino a un restaurantero llamando a la patrulla:
"Hay un cliente fumando, ¡auxilio! ¡Vengan rápido!". Dudo que los
policías se tomen la molestia de ir a apagar un cigarrito.
Obviamente
no estoy diciendo que hay que meter a la cárcel a los fumadores ni nada
por el estilo, me parece excelente que se apele al sentido común de la
gente y a su "buena urbanidad". En teoría es perfecto, pero insisto,
¿funcionará?
De todos modos es un gran avance, mucha gente
dejará el cigarro por lo incómodo que será para ellos estar buscando
lugares para fumar, muchos pulmones se limpiarán, también los de los no
fumadores, como yo.
El otro día en el yoga escuché una acalorada conversación entre dos
chavos. Uno defendía fervientemente las bebidas energéticas, el otro
decía que eran peligrosísimas y que estaban prohibidas en muchísimos
países, que podían provocar cáncer y que habían provocado mil muertes,
etc.
A mí la verdad me choca su sabor, así que de entrada las descarto para mí, pero sí me ineteresó el tema y me puse a investigar.
La
verdad es que estas bebidas no están prohibidas en ningún país, y que
la mayor parte de los horrores que se dicen de ellas son mera leyenda
urbana. La taurina,
por ejemplo, no es ningún fluido extraño del toro, sino un aminoácido
con varias propiedades benéficas, ¡no hay que ser tan ingenuos! Además
contienen antioxidantes -como todas las bebidas con cafeína-,
vitaminas, y acelera el metabolismo.
Ahora, ojo, tampoco todo es
color de rosa. Sí es peligroso mezclarlo con bebidas alcohólicas
-parece que es muy popular tomárselo con vodka-, porque como te sientes
"prendido" puede que bebas de más, y eso de ninguna manera está padre. Además, como acelera el metabolismo sí le da trabajo extra al hígado, o sea que combinado con alcohol está muy tremendo.
Por
otro lado está el exceso de carbohidratos "vacíos", es decir, que no te
nutren ni te quitan el hambre, y que te dan un golpazo de energía pero
que luego te provocan un bajón horrible. Pero bueno, siempre está la
versión sin azúcar para evitar las calorías de a montón.
Creo
que, con moderación, o en casos que realmente se necesiten (manejar en carretera estado maldormido, por ejemplo) las bebidas energéticas no tienen ningún
problema... excepto que saben medio raro y que son medio caras.
¿Ustedes qué opinan?
Pues así como me ven, con mi piel tersa y a veces hasta medio
reseca, me salió un barro. ¡Un barro! ¡A mis veintimuchos! No lo podía
creer.
Bueno, la verdad sílo podía creer, pero no me pareció
nada chistoso. Me empezó a entrar la paranoia, porque hay casos
misteriosos de gente que ha tenido un muy buen cutis toda su vida y
luego, por desajustes hormonales o hasta por infecciones misteriosas en
la piel, desarrolla problemas de acné.
Andrea cara de pizza.
Además,
siempre que me sale un barro, me da una tentación tremenda exprimírmelo
(sí, sí, ya sé que no es bonito, ¡pero les asguro que no soy la única
con esta manía!). Pero me aguanto, porque sé que es lo peor: no sólo
puede quedarme ahí la marca horrible, sino que es más fácil que te
salgan más barros, porque los bichos se extienden por tu piel, ¡blargh!
Honestamente
no creo que el problema pase a mayores, es sólo un barro aislado, pero
si no, ¿tienen un buen dermatólogo que me recomienden? Porque ahí sí me
considero ignorante, ¡no tengo a ninguno en mi agenda!
Caray, ya estoy grandecita para hacer tanto escándalo por un barro, ¿no?
No es el tipo de cosas de las que yo hable en este blog, pero tengo
una anécdota tan buena que les tengo que platicar algo como preámbulo a
la historia.
Es que estoy saliendo con un chico, la cosa se ha
puesto más o menos seria, y la verdad estoy contentísima. Ahora él es
con quien veo las películas domingueras que tanto me gustan, y con el
que lleno el carrito de compras con productos saludables (¡pero no se
crean que vivimos juntos! Sólo aprovechamos para hacer el viaje al
super, ¿eh?). Lo bueno es que él es igual que yo, amante lo saludable,
yogui, un poco obsesivo con las cosas y... ¡ya estuvo! Les dije que no
les iba a contar más de mi vida personal, jeje.
El chiste es que
el otro día en la mañana él se despertó antes que yo, y fue a la cocina
a poner agua para el café. De pronto me despertó un grito capaz de
revivir a los muertos. Me levanté como resorte y fui a la cocina, y me
encontré a este hombre literalmente trepado en la mesa y con cara de
haber visto un fantasma.
Con el escándalo el ratón obviamente ya se había ido, pero él de plano se quería mudar de departamento... y hasta de país.
-¿Y si adopto un gato?- me dijo. -¡Pero tú odias a los animales! -Ya sé, pero haría cualquier cosa para no tener ratones.
Jaja,
creo que no es para tanto. Él vive en uno de esos edificios antiguos,
como de los 40, además hay un mercado cerca: obviamente hay ratones "de
paso". Es decir, que nada más llegan de visita, ven qué pueden comer, y
siguen paseando.
Hay varios métodos para mantenerlos al margen.
El menos cruel es la jaulita que los atrapa, para que luego los puedas
ir a soltar lejos de tu casa, pero honestamente a mí me daría un poco
de miedo: siempre puede tocarte el ratón rabioso que te suelte la
mordida. También están las trampas tradicionales y las trampas
pegajosas, ambos demasiado sanguinarios: tampoco es cuestión de hacer
sufrir al pobre roedor.
Demasiado medieval.
Y
por último está el veneno, que creo que es lo más viable. Sólo hay que
estar seguros de que sea del que los momifica, porque nadie quiere que
el ratón se muera detrás del refri y apeste toda la cocina... blargh.
Ya tengo el regalo perfecto para celebrar nuestros primeros tres meses juntos...
Me molestan con que soy una health-freak. Yo nada más me río, aunque en cierta forma sí es cierto, digo, no puedes ir al súper a comprarte un cuerpo nuevo, así que mejor cuido el que ya viene de fábrica, ¿no? Y tampoco me obsesiono, porque eso no es muy saludable que digamos. A veces, por salud mental y por antojo, hasta como gorditas de chicharrón, así que ni digan.