De mi cómo un adiós se puede convertir en un hasta luego
Mi nombre es Paula, y si no hubiera sido arquitecta, diseñadora, agente
de bienes raíces, heredera acomodada, chef, groupie de chicos guapos,
Doctora Corazón o escritora, sería bloguera de tiempo completo.
Pero no siempre se puede.
Como
prueba de que no hay mal que por bien no venga, abrí este blog como
producto de una decepción amorosa. Estaba destrozada cuando Jonás me
cortó, o sea, maldito, y obvio necesitaba un sitio dónde desahogarme,
porque mis amigas ya estaban cansadas de oírme llorar por un niño que
ni les caía bien. Me sentía espantosamente sola.
Y
me fui recuperando. Y ustedes me apoyaron. Y, van a decir que sueno a
cliché, pero no les miento si me digo que me encontré a mí misma a
través de mis palabras. Me aprendí a querer como nunca antes, me dije: Paula preciosa, conque ésta eres TÚ.
Y en la recta final del camino, sobra decírselos, encontré el amor. Un buen día Chico Fresa
apareció en mi vida, me encantó con sus palabras y una dulzura con la
que nunca nadie antes me había tratado. Y aunque estuve a punto de
perderlo por un error del pasado, escribir sobre mi tonta disyuntiva me
ayudó a tomar la decisión correcta, la más obvia. Chico Fresa: te amo.
Antes de irme, les pido una votación. ¿Cuál les gusta más?
Obvio,
ni el Museo del Chopo ni el Kisco están en la Condesa, tampoco son
lugares típicos para una boda... ¿pero no se les haría padrísima una
ceremonia ahí? ¡Piénsenlo! Cuando esté decidido chequen en la sección
de sociales... ;)
Y ya no sé qué decir. Creo que pronto abriré
otro blog. Éste ya cerró su ciclo, y creo que lo cierra superbien, con
una Paula feliz, enamorada, completa. Quizá no sea más que una bitácora
flotando perdida por la blogósfera, pero neta que en ella están todas
mis confesiones, sentimientos, historias: todo lo que vino de mi
corazón.
A los que me leyeron, búsquenme, seguro me encontrarán.
De las caminatas y de mi nuevo plan de vida a futuro
Mi nombre es Paula, y a veces dejo los tacones para calzarme cómodos
tenis (pero con mucha onda, obvio) y recorrer la ciudad a gusto. Es un
placer que me encanta disfrutar solita, y aunque la compañía de cierto
Chico Fresa siempre es bienvenida, las horas de reflexión que paso
conmigo misma son uno de los plareces más grandes.
El otro día
me metí en San Ángel profundo, y recorrí calles por las que jamás había
pasado. ¡Qué maravilla! Hay partes que parecen set de televisión:
Llegué
a una conclusión abrumadora: quiero seguir creciendo en la Condesa,
hacer mi vida ahí, que mis hijos crezcan rodeados de ese mundo. Pero
mis últimos años los quiero pasar en una casona sanangelina, o en
Chimalistac. Me imagino perfecto a Paula viejita caminando por esas
hermosas calles, comiendo en el San Ángel Inn, comprando libros en la
Gandhi, ¡uf! ¿No les parece fabuloso?
Mi nombre es Paula, y no le tengo miedo a la muerte. Creo que he vivido
plenamente y seguiré haciéndolo hasta el último minuto de mi
existencia. Además planeo ser un fantasma buena onda, andar por ahí
paseándome y saludando a la gente ;)
Por eso el Día de Muertos
me pone tan de buen humor. O sea, odio los clichés y que la gente
despotrique contra Halloween (no son lo mismo, ¡ni siquiera son en la
misma fecha!, se pueden celebrar las dos cosas sin bronca), pero neta
que yo sí me pongo tradicional y celebro con mi familia. Obvio, mi mamá
prepara la mejor calabaza en tacha del universo conocido, tiene una
receta secreta que con nadie ha de compartir... pero el resultado sí,
¡mmmm! También prepara su propio pan de muerto (porque eso de comprarlo
en el súper es cero padre), y hacemos una cena con chocolate y,
¡calaveritas!
Paula de compras andaba zapatos, bolsos, pulseras mientras la Muerte la rondaba envidiosa de sus tarjetas
En el más allá no le daban crédito la Muerte gemía: ¿no sabes quién soy? pero en aquel banco eso era inédito "lo siento Muerte, no te lo doy"
Pobre Muerte, andaba descalza soñaba con Gucci y Ferragamo Paula en cambio sólo compraba y la Muerte salió con su reclamo
¡No Paula, no compres nada! En el más allá no te servirán tus vestidos ni tus hermosos Prada tampoco tus sandalias Louboutin
Ay Muerte, obvio que sí tú te ves fatal, por ejemplo ¿crees que yo quiero andar así? las tiendas son mi templo y me llevaré todo de aquí
Quiero ser la muerta más guapa siempre con zapatos de tacón y ni de broma que sean de Coapa tampoco de la pasada estación
¿Hay malls en el más allá? Para nada, dijo la Muerte Olvídalo entonces, me quedó acá Y con tu look... te deseo suerte
La Muerte anonadada no se movió Mientras Paula guapísima huyó pobre Muerte, llevársela no consiguió pero al menos un Louis Vuittton se compró
Del mi mal humor, del horrible corte de pelo que me hicieron, de la tos
Mi nombre es Paula y hoy, sólo hoy, me voy a poner de mal humor. ¡Tengo derecho!
Además,
si no existiera el mal humor, no existiría la felicidad, ¿no? Así que
me voy a dar ese permiso, y ustedes lectores se aguantan ;P
Primero,
ay, les cuento. Ayer fui a cortarme el pelo, fui con Marco, mi
estilista de cabecera, que lleva cinco años dejándome satisfecha. Pero
ayer no sé qué traía, si estaba de malas o se había vuelto loco, ¡que
me lo dejó horrible! Ay, nunca pensé que me fuera a pasar, pero neta
que no quiero quitarme las boinas ni los gorros ni los sombreros, ¡odio
mi pelo!
Chico fresa dice que no me veo "tan mal". Ay, ¡odio cuando los hombres no saben qué decir!
Y
para colmo tengo tos, el más horrible ataque de tos del mundo. Llevo
tres días así, y no puedo ni dormir yo, ni dejar dormir a Chico Fresa... y sospecho que al barrio entero.
Necesito la sopita de pollo que me hace mi abue :(
Lo bueno es que Chico Fresa
me ha mimado mucho estos días, hasta pidió un día en el trabajo para
estar conmigo viendo películas todo el día, mientras yo nada más tomaba
tecitos. Ay, lo amo. Además creo que sin peinarme me veo mejor, jiji.
Mi nombre es Paula y una de las cosas que más me gustan de vivir en la
Condesa es que SIEMPRE hay algo nuevo. Y no te lo esperas. De pronto
sales a la calle y el paisaje está cambiado. A veces no es tan bueno,
te encuentras con que el antro que tanto te gustaba ya no existe, o que
la tienda donde te querías comprar unos zapatos increíbles está
clausurada indefinidamente.
Pero las sorpresas positivas son grandes, ay, las amo. Chico Fresa
(que por cierto no vive en la Condesa, es fresa de la Del Valle) y yo
íbamos caminando hace algunas semanas cuando nos topamos que en la
glorieta de Iztaccíhuatl, donde antes estaba la boutique de Bebe (y a
mí cero me gusta esa marca) hay una nueva tienda increíble, con prendas
de moda urbana superpadres.
Se
llama U Store y ahora me vengo a enterar que tuvieron una superfiesta
de apertura en el Pasaje América, ¡y yo ni enterada! Ash, pero lo que
importa es que ya los descubrí y los amé. La mayor parte de las cosas
son demasiado urban, o sea, como pandrosas para mi estilo, pero hay
unas playeritas ochenteras y una sección vintage fantástica. Salí de
ahí con un vestido se ensueño, superbarato, ¡lo amé!
Vean el sitio de estos chiquillos que tan bien me cayeron, clic aquí.
De la gran idea que no sé por qué no puse en práctica antes
Soy Paula y soy una metiche. Pero metiche linda, se entiende, ¿no? O
sea, nunca lo hago por insidiosa, nada que ver, simplemente soy curiosa.
Algo
que me encanta es escuchar las conversaciones ajenas. En restaurantes,
en la calle, en antros, en el trabajo... Me gusta imaginarme el resto
de la historia, eso que están obviando y no dicen, visualizar en mi
cabecita el resto de la película.
Una vez pensé, neta, se los
juro, hacer un blog con extractos de conversaciones. Onda de ir por la
calle con una libretita, o grabando con la grabadorcita que trae mi
celular, las cosas que iba escuchando en el aire. Y luego llevarlas al
blog. ¿No se les haría padrísimo?
¡Pues ya me ganaron la idea! Y ni siquiera es un blog, es un libro hecho y derecho:
Mi nombre es Paula y su nombre era Torcuato. Fue mi primer mejor amigo.
Era anaranjado, tenía la panza floreada y el peor corte de pelo del
mundo. Era un perro abandonado y lo adopté. Ni siquiera estaba vivo:
era un juguete. Tampoco era de peluche, sino de algo parecido, como de
telita con relleno.
Mi mamá me cuenta que un día fui a la casa
de la abuela, que me puse a escarbar en una caja de cachivaches, y que
de pronto aparecí con él en mis brazos, todo polvoso y estropeado.
Quién sabe a quién había pertenecido, pero yo dije "¡mío, mío, mío!" y
que ya no lo quise soltar.
No sé de dónde salio el nombrecito, supongo que mi papá lo sugirió. Pero así fue bautizado mi mejor amigo: Torcuato.
Pasaron
los años, yo crecí, viajé, estudié, me mudé. El otro día fui a buscarlo
a casa de mis papás, pero está desaparecido. Dice mi mamá que no lo
tiró, pero simplemente no existe. Lo único que me queda de él es esta
foto horrible escaneada:
¡Voy a poner letreros de SE BUSCA por toda la Condesa!
Hoy vi esta escena y me morí de nostalgia...
Torcuato hermoso, donde quiera que estés, sábelo: Paula te extraña.
Mi nombre es Paula y me encanta la plata, el vidrio con texturas
padres, el plástico de colores brillantes, la seda, el papel de todos
tipos... en fin, mil materiales. Pero hay uno que está por sobre todos
los demás: ¡la madera!
Fotitos maravillosas, cortesía de mi Canon y de la naturaleza, se las regalo ;)
Se
los cuento porque acabo de cometer una de esas imprudencias que cómo
dan placer. En vista de que mi ropa ya no cabía en mis modestos dos
clósets y miles de cajones y unos mueblecitos que me regaló la abuela,
pues me tuve que comprar otro ropero. Y pensé: Paula preciosa, te mereces el mejor. Y de madera, obvio.
Chico fresa y yo por miles de tiendas, pero yo no me decidía por ninguno, hasta que terminamos por azares del destino en Peroba y fue amor a primera vista:
La fotito la bajé del sitio, en el momento quedé tan impresionada que ni cómo accionar el clic...
El precio ni me lo pregunten. Gracias a Dios existe el crédito, ¡viva!
De cómo por primera vez lamento tener vista de águila
Mi nombre es Paula y amo mis ojos, no sólo porque son lindos y tienen
un color superpadre, sino porque nunca he tenido ni miopía ni
astigmatismo ni esas cosas feas.
Creo que por eso jamás me había
fijado en la onda del diseño de lentes, obvio sí de sol, pero son como
que muy distintos. O sea, si de plano los necesitas para ver todo el
tiempo, debe ser una decisión dificilísima la del armazón que vas a
querer, ¿no?
Pero hace rato, no saben. A la hora de la comida
fui con las gemelas a Pasaje Polanco a ver cositas a las pequeñas
boutiques que hay ahí, que neta me encantan. Y por primera vez entré a
Micromega, que toda mi vida había pasado inadvertida antes mis ojos
(hermosos y preciosos) porque se me hacía una óptica equis... ¡oh error!
Está
INCREÍBLE. Tienen lentes padrisísimos, con los cristales cortados de
formas raras, y armazones jamás vistos. Les dejo una probadita de
diseños que encontré en el sitio italiano (sí, son de allá, ¿de dónde más?).
No sé si me atrevería a usar unos de éstos así en la vida diaria... ¿o sí?
Mi nombre es Paula, Doctora Paula, también conocida como Doctora
Corazón. Es que si no hubiera sido arquitecta, agente de bienes raíces,
diseñadora ni heredera acomodada o chef, creo que sería terapueta, ¡en
serio! O al menos es lo que mis amigos parecen creer, porque les juro
que llevo varias horas chateando no con uno sino con ¡cuatro! amig@s
que tienen conflictos amorosos y que recurren a mí para obtener consejo.
Primero
está Ale, mi hermanita, que es tan hermosa que tiene tres maravilloso
pretendientes y no sabe por cuál decidirse. Uno es poeta y loco, otro
es un chico fresa (obvio no tan maravilloso como el mío), el tercero es
más bien como rockero. Y aquí seguimos, evaluando los pros y los
contras de cada uno. Creo que el poeta y loco va ganando, quién diría...
Luego está mi amigo el más artista,
cuyo amorsote anda esquivándolo, ya saben, hay sospechas de "alguien
más". Contra eso no tengo más consejo que ir directo al grano y
preguntar, después de todo ya llevan año y medio juntos y creo que lo
menos que él merece es un poco de honestidad, ¿no?
En la tercera
ventana de chat está Yamile, mi pobrecita Yamile preciosa, a la que el
patanazo de su novio, o bueno, su ex, acaba de mandar a volar. Qué
estúpido. Le salió con el clásico "no eres tú, soy yo". Idiota. Ash,
¡qué enojada estoy! Con ella no tengo consejo, sino urgente terapia de
comedias (románticas no, obvio), helado bajo en calorías, y una amiga
para abrazar.
Y por último (last but not least, me encanta esa expresión pero no encuentro cómo traducirla) está nada más y nada menos que Chico Fresa,
preguntándome cómo hacerle para no morir de amor por mí. Yo le digo que
le tengo el mejor remedio: yo, amándolo de vuelta con la misma fuerza.
De cómo las circunstancias no me ayudan a combatir mi placer culpabilísimo
Mi nombre es Paula, ash, ¿y saben qué? Ni quería combatirlo. Les
cuento: justo había posteado lo de mi gusto por el pancito, cuando salí
a caminar con mi mamá y nos topamos con la gran novedad del barrio:
¿París? No, Roma (la colonia)...
Así,
de la nada, de pronto estábamos en París. Los olores, el antojo, empecé
a salivar. Dije: ¿qué es esto? Nos explicaron que era la nueva tienda
de los creadores de Chic by Accident (si no la conocen vayan ahora
mismo a su sitio). Y no sólo venden pastelería fina francesa, sino chocolates belgas que a mi mamá ya a mí nos mandaron a otro mundo.
Ella
y yo nos llevamos un paquete de galletitas, brioches y croissants que a
mi papá y a mi hermana también los noquearon con su sabor celestial.
Nada más de escribir este post ya me dio hambre, ¡quiero ir ya!
Les paso la dirección porque neta tienen que ir: Chiapas 157, en la Roma. Provecho ;)
Mi nombre es Paula come-galletas. Y come-panquecitos, come-donas,
come-cuernitos, come-bolillos, come-volovanes, come-danés. Come-carbos,
pues. Además de los besos, los zapatos, mi cámara, maquillaje
anti-ojeras y el café, hay otra cosa sin la que no podría vivir: el pan.
Mmmm,
nada como un rico pancito en la mañana, o en la noche, o mientras
caminas por las calles. Nada como la masa perfecta deshaciéndose en tu
boca. Y nada como las horas de cardio que tienes que hacer para quemar
la caloría, ¡porque sabes que bien valen la pena!
Uno
de mis paseos favoritos en el mundo es meterme a las panaderías
mexicanas enormísimas, y dedicarme a ver y a oler. Imaginarme las
texturas de cada pan, evocar su sabor en la memoria de mi paladar. Mmm
y más mmmm.
Al final sólo me compro uno, porque de lo bueno poco como dice mi abue.
Y la dulzura revienta mis sentidos y si de por sí soy feliz entoces lo soy más.
Mi nombre es Paula y ya no puedo esperar ni un minuto para tenerla en mis manos –que recién recibieron tratamiento de manicure, listas para la ocasión–. Se trata de la versión mexicana de la revista Nylon, ¡wow!
No sé si la conozcan, pero es una de las publicaciones de moda alternativa y cultura pop más honestas, increíbles, coloridas y divertidas en Estados Unidos. Trae toneladas de ropa en dos dimensiones, pero no abunda el haute couture, sino la ropa urbana, estilos verdaderos, alternativos, auténticos. Las fotos de las celebridades son glamorosas pero, no sé, como que reales... que sí te dan ganas de copiar sus estilos. Y tiene recomendaciones excelentes de belleza y mil cosas más... Vean por favor su sitio.
Bueno, pero les cuento que antes de que esté disponible en puestos de revistas –creo que eso pasará hasta el próximo año– este sábado fue la fiesta de presentación nada más y nada menos que en la Feria de Chapultepec, ¡estuvo INCREÍBLE!
El sitio mexicano aún no funciona, pero en cualquier momento nacerá... ¡qué emoción!
Me llamo Paula, y cuando tomo fotos de la vida nocturna, me encanta que se refleje en ellas el espíritu de movimiento y la energía de la noche. Aquí les dejo este paquete de fotos noctámbulas de la última escapada antrera que Chico Fresa, nuestros amigos y yo nos dimos. Como podrán ver, ¡nos la pasamos increíble!
No me divertía tanto hacía siglos, ¡ya quiero volver a bailar!
Mi nombre es Paula y ya lo he dicho, soy muy mexicana. Tanto, que a lo largo de este mes me agarró una depresión extraña, como la clásica tristeza navideña, nada más que en el mes patrio. Es rarísimo, ¿no les ha pasado?
Primero, todo el rollo de la desunión. O sea, desde el día de la marcha contra la inseguridad, en que los que no habían ido ODIABAN a los que sí fueron. Yo no fui, pero no por eso voy a estar en contra de los que sí, ¿qué onda? Cada quien en su derecho, ¿no? Y luego con lo del informe, pues ya saben, como cada año, es un relajo. Los antiguos rencores de las elecciones también resurgieron, o sea, ¡ya fue! Y los atentados. Y las mil marchas de protesta, y la gente odiando a los manifestantes (gente que había ido a la de la inseguridad... o sea, insisto, ¡cada quien su derecho!).
Hasta el grito fueron dos gritos.
¿Y yo? Ni ganas de armar la clásica noche mexicana con mi familia. Extrañé el pozole de mi abuela. Pero es que nadie andaba en el mood para festejar. De pronto los símbolos patrios no me dicen gran cosa, y me siento más como ciudadana del mundo.
Ya, o sea, es que para banderas, mejor Antonio... Con el sí que no hay discrepancias: es un bombón.
No, ya, en serio, ¿no sintiero algo parecido estos días?
Lo bueno es que ya viene octubre, un mes mucho menos conflictivo.
De los detalles que me dan desconfianza de la gente
Mi nombre es Paula y soy cero prejuiciosa. En serio que me gusta conocer a la gente desde cero, que me dejen saber con su trato cómo son en realidad, y a partir de eso juzgar. O sea, no juzgar en el mal sentido de la palabra, sino ver si me caen bien o no, sí me entienden, ¿no?
Pero hay tres cositas que me hacen desconfiar de la gente, que neta le restan a la persona 100 Paula-Puntos de simpatía.
1. Que no les guste caminar.Sí, ya saben, la típica persona que dice "¡¿pero cómo nos vamos a ir caminando si está lejísimos?!", cuando la distancia es de, no sé, 500 metros. No sueltan el coche ni para ir a la tiendita, y no tienen idea de la energía que irradian las calles, cómo te van llevando, del viento en el rostro, del reflejo en los charcos, de las sorpresas y los detalles inesperados. Ash, de lo que se pierden. Obvio, jamás podrían vivir en Nueva York, París o la Condesa.
2. Que no tomen café.¿No les parece lo más insólito del mundo? O sea, entiendo a quienes piden descafeinado porque tienen un problema de presión, o que de plano lo evitan porque tienen gastritis o algo. Lo que no me cabe en la cabeza es la gente que no disfruta del delicioso sabor del café, que cuando le ofreces uno te dice "no gracias, no me gusta, mejor dame un refresco". ¡¿Queeeé?! El extremo es que no tomen niguna bebida caliente, ni siquiera té, ¡inconcebible!
3. Que no sepan disfrutar la comida.No puedo creer que como respuesta a un "¿cuál es tu comida favorita?" pueda haber alguien que responda "la que sea". Que les dé igual comerse un manjar o un pedazo de hule espuma. Que lamenten tener que cumplir ese requisito para poder sobrevivir, y que les dé flojera poner atención a la sustancia con la que rellenen sus estómagos. Es terrible. Un desperdicio de dinero y calorías. ¡Escándalo!
No crean que soy intolerante, al final siempre doy el beneficio de la duda, ¡simplemente son cosas que no entiendo!
Pues lo pensé muchísimo, no saben, horas y horas dando vueltas en la cama sin poder dormir, retorciéndome porque no sabía qué hacer. Al final recordé las sabias palabras de mi mamá, que un día me dijo Paula preciosa, cuando se trate de tomar una decisión, simplemente elige con lo que te sientas más tranquila. Y eso hice. Decidí quedarme en mi depa.
No sabía cómo decírselo a Chico Fresa. Pero lo hice. Así nada más. Se lo solté, lo expliqué tal y como era. Le dije que nunca había vivido con alguien más, y que no me sentía lista. Y él, tranquilo, tranquilísimo, con su sonrisota que me derrite, me dijo que estaba bien, que él me esperaría todo lo que fuera necesario, y que no le importaba cómo, siempre y cuando estuviera conmigo.
¿Lo pueden creer? ¿No es una maravilla este hombre?
Ahora puedo empezar a considerarlo en serio, y tranquilamente, pasito a pasito, mudar mi vida a sus brazos.
Mi nombre es Paula y una de las cosas que más amo de mí es mi independencia.
Muchas veces me preguntan si no me saca de onda vivir sola, si no fue un gran shock salirme de mi casa para encontrarme en un depa vacío, tan vacío que el sonido rebotaba en las paredes. ¡Y no! Me sentí tan natural, tan feliz de estar en mi propio espacio... si ustedes viven o han vivido solos, saben a lo que me refiero.
Amo mi refri y sus imanes, amo mi cama suavecita, amo mi sala, amo mis tapetes, amo mi cortina del baño de Ikea, amo mis cojines peludos, amo mis cobijas de colores, amo mi ropero vintage, amo mi tele plana, amo mi tetera verde... ¡hasta amo el boiler y la lavadora destartalada que me heredó mi tía!
Por eso la propuetsa de Chico Fresa me cayó como balde de agua helada. Me dijo: Paula preciosa, todo es maravilloso, nunca nos separamos, ¿por qué no nos vamos a vivir juntos?
¡¡!!
Por un lado me parece maravilloso, es lo que siempre he soñado, me suena a cuento de hadas. Y por el otro pienso que no he terminado de saborear mi independencia, que aunque es como si viviéramos juntos NO vivimos juntos, que este es mi espacio y es mío mío mío nada más. Vivir con él suena padrísimo, pero es un enorme paso, además siento que no tendría marcha atrás, y eso me llena de pánico.
Mi nombre es Paula, Paula Walsh. Sí, como la mayoría de las mujeres de mi generación, en la secu y/o en la prepa, ya no me acuerdo bien, soñé como loca con alguno de los personajes de Beverly Hills 90210, ¡obvio! El mío era Brandon, aunque a Dylan no le hacía el feo.
¿Se acuerdan de la canción de entrada?Oh cielos, ¡era taaaaan noventera! ¡Y los peinados! Obvio, yo me empeñé en traer el peinadito de Kelly, aunque con mi cabello rebelde nunca lo conseguí.
El otro día pensaba: no es justo que esta generación viva privada de una serie tan tonta pero tan entretenida, era como una telenovela que retrataba una vida que de verdad nunca viviremos –ni querríamos vivir–, o sea, ¡qué flojera Beverly Hills!
Pero bueno, el programa era para verse. ¿Cómo ven que ya se estrenó el remake en Estados Unidos? ¡Me urge verlo!
Miren, ellas son las nuevas chicas BH90210. La verdad, me encantan sus atuendos, aunque debo confesar que los vestiditos, los zapatos de tacón grueso, las blusas, los vestidos y los shorts semiplayeros de aquellas chicas también me encantaban.
De la nueva de Batman y de cómo extraño a Jack Nicholson
Mi nombre es Paula y odio ver las películas cuando se acaban de estrenar, no soporto las salas llenísimas y a los bebés llorando. Por eso apenas vi ayer la nueva de Batman, y los geeks me van a odiar pero... no me gustó mucho. ¡Ay ya! O sea, tampoco la odié, y amo a Bale que es guapísimo, sólo que... ay, pues no sé. Nunca nadie superará a Tim Burton, o sea, no entiendo por qué hicieron más películas.
The Dark Knight me gustó más que la anterior, pero lo que me dolió muchísimo fue el nuevo Guasón. O sea, no está nada mal, pero prefería a Jack Nicholson, así todo elegante y noventero y encantador.
Ay, no es por menospreciar a Ledger, que además en paz descanse, pero es que siempre he adorado a Jack Nicholson, ¿ustedes no? Casi todos sus papeles me han fascinado, excepto quizá el que hizo en esa película horrorosa con Adam Sandler, Anger Management, ¿la vieron? Ojalá que no, porque es espantosa, nunca se les vaya a ocurrir rentarla, ni porque sale mi amado Jack.
¿No lo amaron desde que era todo chiquito, en The Little Shop of Horrors?
Ay, yo sí. Era de mis amores platónicos. Ahora no porque ya es como mi bisabuelito regañón, ¿lo vieron en The Departed?
Mi infancia fue un castillo de ensueño que construyó mi padre, de quien heredé la pasión por el arte y el espacio. Crecí entre aromas intensos y sabores sublimes, culpa de mi madre que es chef. Seguí los pasos de uno al estudiar arquitectura, y de la otra con un paladar exigente. A ambos les debo la independencia, la perseverancia y el optimismo. Gracias a ellos me puedo dar gracias a mí misma por ser quien soy: Paula, una viajera, fotógrafa y aventurera que vive cada instante al máximo.